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LA INVESTIGACIÓN DEL ARTE PREHISTÓRICO EN MURCIA

 

Desde que en 1912 se descubrieran las pinturas de Cantos de Visera, lo que propició la edición de los primeros estudios a cargo de Juan Cabré y Henri Breuil, se han publicado hasta hoy 381 documentos sobre el arte prehistórico de Murcia, en forma de libro, artículo y comunicación a congresos, entre otros formatos. Todos estos estudios han sido realizados por un grupo de 116 autores, que los han firmado en solitario o, también, en coautoría. Bien es cierto que, de entre todos ellos, hasta sesenta cuentan tan sólo con un trabajo, y si consideramos también a aquellos otros veintitrés que han suscrito únicamente dos documentos, tenemos que más de un 68% de los autores han tenido un papel testimonial en la producción científica generada por el arte rupestre de Murcia. Y este es un índice alto. Por el contrario, es significativo que haya un reducido grupo de autores que aglutinen más de la mitad de todo lo publicado.
            Otros datos de interés de la autoría son que sólo haya treinta mujeres, que veintitrés de ellas únicamente hayan firmado entre uno y tres documentos, otras siete menos de diez, y que sólo una, con cuarenta trabajos, se encuentre en ese núcleo de autores más productivos.
            Pero más allá de estas cifras objetivas, que reflejan una situación concreta, lo verdaderamente importante es lo que hay detrás de ellas. Con ser revelador el elevado número de autores que denominamos “transeúntes”, aquellos que firman tan sólo uno o dos estudios, lo llamativo cuando nos acercamos a ese otro pequeño grupo de autores más productores, es que son los mismos que han venido protagonizado la investigación del arte rupestre regional en los últimos 35 años, sin que se haya producido alguna incorporación que sea tan fructífera como ellos. Y en este punto, cabría plantearnos el por qué de esto. La respuesta no es sencilla, y quizás no tenga una única explicación.
            Es posible que una de las causas de esta realidad sea el poco peso que el arte prehistórico tiene en los estudios universitarios. Son pocas, en verdad, las universidades españolas que cuentan en su curriculum formativo con asignaturas específicas sobre la materia. En la de Murcia, en concreto, si analizamos las guías docentes del Grado de Historia, vemos que el arte prehistórico se enmarca como un epígrafe dentro de un bloque más amplio de la asignatura de Prehistoria Universal del primer curso, y como dos temas independientes en la de Prehistoria de la Península Ibérica, en segundo. Teniendo en cuenta la extensión del contenido de cada una de ellas se entiende bien que el tratamiento que se le pueda dar al asunto no vaya más allá de unas nociones básicas, aunque sólo sea por una cuestión de disponibilidad temporal.
            Asimismo, la relación de la Universidad con el arte rupestre regional ha sido tradicionalmente escasa. De esta alta institución no han salido grandes proyectos de estudio del arte rupestre. Sí recordamos la labor de profesores como Pedro Lillo o Javier R. García del Toro que, por las necesidades del momento, asumían algunos trabajos preliminares de documentación tras un descubrimiento ocasional (La Risca, El Buen Aire, Cueva de la Serreta...). Sin embargo, ese trabajo rara vez tenía la continuidad deseada ni culminaba con la publicación de un exhaustivo estudio de esos lugares. La excepción ha sido el proyecto de trabajo en el paraje de Los Almadenes, promovido tras el incendio que sufrió la zona en 2015 para evaluar el impacto del fuego en los conjuntos de arte prehistórico. Quizás todo esto explique por qué se han realizado únicamente dos tesis doctorales sobre arte prehistórico en la Universidad de Murcia o que el número de tesinas no sea mucho mayor. Da la impresión de que los contenidos impartidos no incentivan a los graduados a iniciarse en la investigación en este campo. En estos últimos años se ha incorporado a la misma algún nuevo autor, pero, por muy prolífica que llegara a ser su trayectoria, en modo alguno será suficiente para cubrir el amplio vacío que, antes o después, dejarán aquellos estudiosos que la han venido capitalizando más allá de las tres últimas décadas. Y eso sí es preocupante y debería conducirnos a una reflexión.
            Advertimos, además, otro hecho que puede llegar a ser peligroso. Se abusa de la autoedición y de la publicación de trabajos en espacios que viven fuera del ámbito científico. Ello supone eludir los controles que editores y autores nos hemos dado para garantizar la calidad de lo que se edita. Por medio de mecanismos como la revisión por pares, por ejemplo, la comunidad científica avala que lo que se publica cumple con los requisitos mínimos metodológicos que todo trabajo científico debe respetar. Y en esto también apreciamos cierta relajación. No todo es válido por engordar en tiempo récord  un curriculum con trabajos cuya validez es discutible. En todo caso, por ahora, Anna Alonso, Alexandre Grimal, Emiliano Hernández, Juan Francisco Jordán, Miguel Ángel Mateo, Joaquín Salmerón, Miguel San Nicolás... seguirán investigando y publicando. Pero llegará el día en que, por ley de vida, lo dejen, y entristece ver que, hoy por hoy, no hay un relevo generacional garantizado.

Artículo publicado en el diario La Opinión (5-5-23)

Moratalla y los Encuentros de Arte Rupestre



El próximo domingo día 24, con la visita al yacimiento de Cañaica del Calar, finalizan los II Encuentros de Arte Rupestre de Moratalla. Sin que esto pretenda ser un balance de los mismos, puesto que ni es el momento ni el lugar para hacerlo, sí queremos reflexionar acerca de  la poca implicación que, en general, tiene la población de la localidad con un acontecimiento como éste.
Desde la administración local se ponen todos los medios al alcance para el buen desarrollo de la actividad, los trabajadores del ayuntamiento, más allá del deber  implícito en su trabajo, regalan horas de su tiempo personal y su esfuerzo porque todo discurra bien, y para que desde los «Encuentros» emane una buena imagen de Moratalla, y los investigadores invitados acuden a la llamada con total desinterés, sin poner traba alguna de día u  hora, para exponer los resultados de sus investigaciones o a dar a conocer el arte rupestre de su área de trabajo.  
Por todo ello, resulta llamativo que los vecinos de Moratalla no respondan a tanto esfuerzo.
¿Dónde están esos «eruditos» locales, a los que tanto se les llena la boca hablando de los fabulosos libros, de historia, de etnografía y de otras disciplinas, de los que son autores? ¿Dónde están los maestros y profesores de los colegios e instituto? ¿Es posible tan poca implicación con la cultura de su localidad o de la localidad donde trabajan? ¿Tan poco interés tiene para ellos el arte rupestre que no son capaces de asistir a ninguna de las conferencias programadas? Y los alumnos del instituto, ¿se les ha explicado lo que es el arte rupestre y la importancia que éste tiene en el Patrimonio Cultural de Moratalla? ¿Saben que Moratalla es uno de los municipios de España más rico en manifestaciones de arte prehistórico, Patrimonio Mundial? Pero yendo más allá y al margen de la temática de que se trata, ¿son tan cortos de miras que no son capaces de valorar el esfuerzo realizado con iniciativas como ésta por dinamizar la vida cultural de Moratalla y promocionar la localidad? Bastaba con su sola presencia en alguno de los actos programados.
Tampoco se entiende, por ejemplo, que el cronista oficial de la localidad, que como tal cronista debería ser notario de lo que pasa en su pueblo, desaproveche la ocasión que le brinda un periódico regional el domingo 17, media página, para promocionar un evento como es el de los Encuentros de Arte Rupestre, único en la Región de Murcia, e implícitamente, dar una imagen más real del Patrimonio de Moratalla. En vez de eso, prefiere escribir sobre algo tan manido, conocido y atemporal como es el castillo-fortaleza de la localidad, que es importante sin duda, pero que puede ser objeto de difusión en otro momento.
Confieso que no llego a entender la causa de tanto desatino. Es posible que se deba a una conjunción de factores, entre los que muy posiblemente estén la necedad y un ego mal entendido por parte de algunos «pseudo-intelectuales», o también que una idiotización ideológica se haya apoderado de otros muchos y les impida comprender que todas estas acciones forman parte de la CULTURA, con mayúsculas, de Moratalla. Cultura, no política. Está claro que la actitud mayoritaria, lejos de apoyar iniciativas como ésta, únicas en  la Región, es la de, al menos, mantenerse al margen, cuando no torpedearlas. Un ego demasiado crecido, en virtud de desproporcionados méritos, les lleva a creer que están por encima del bien y del mal.
Da igual. Moratalla merece algo mejor. Por ello, no cejaremos en el empeño.

A VUELTAS CON EL CENTRO DE ARTE RUPESTRE DE MORATALLA

     Estamos asistiendo en estas últimas semanas a la polémica suscitada por el cierre del Centro de Arte Rupestre de Moratalla, habiéndose hecho eco la prensa regional de las declaraciones de los distintos actores involucrados en la cuestión.
     Desde un primer momento, el Centro nació condenado al fracaso. Adherido al Sistema Regional de Museos, el principal problema es que nunca contó con un proyecto serio de funcionamiento vinculado a los objetivos con los que fue creado. Tal y como se recoge, todavía, en la página web del Centro y en los folletos editados en su día, el Centro nacía para cumplir una triple función:
1. Ser un referente técnico para la investigación, estudio y conservación de este legado patrimonial.
2. Ser un referente social desde el que promover la educación y la sensibilización ciudadana.
3. Contribuir a la dinamización turística y socioeconómica de Moratalla y del conjunto de la Comarca de Noroeste.
     Cuando han pasado seis años entre su inauguración y su clausura, lamentablemente podemos decir que en ningún momento ha conseguido alcanzar alguno de los objetivos propuestos.
     Sobre su pretensión de convertirse en «referente técnico», jamás ha contado con un proyecto científico de trabajo sistematizado y planificado; no ha gozado de una dotación material que lo desarrollase; nunca se ha pretendido poner en valor la biblioteca especializada en Prehistoria y Arte Rupestre, que ha quedado convertida en un simple almacén de libros; y se heredó una revista científica consolidada como es la de Cuadernos de Arte Rupestre, presente en más de 120 instituciones mundiales, y la incompetencia la dejó morir durante cuatro años para editarla ahora en formato digital.
     Como «referente social» la situación no es mejor. No ha habido un programa de promoción del Centro en ninguno de los sectores estratégicos de la sociedad. Sirva como ejemplo paradigmático que, trabajando como docente en un centro de enseñanza secundaria, nunca hemos recibido, y han sido seis años de vida del Centro, noticia alguna de su existencia. ¿Cómo se puede hablar, sin caer en la demagogia, de promoción de la educación y sensibilización ciudadana hacia el arte rupestre como objetivo cuando los centros escolares, que deberían ser la piedra angular en la que centrar esa labor de promoción no han recibido información alguna sobre el Centro?
     Por último, sin el logro de alguno de los objetivos anteriores, resulta imposible conseguir el tercero.
     Gran parte de culpa de esta situación la ha tenido también el hecho de que el Centro haya carecido de la figura de un director dotado de la capacidad y la competencia suficientes para llevarlo a buen puerto.
     Y en este punto debemos reconocer que entre los problemas no estaba el económico. Es cierto que tras su inauguración en 2007, se dotó al Centro de una plantilla de tres guías que atendían a los eventuales visitantes durante seis días a la semana. El problema es que también en este aspecto no se supo evaluar la situación. La afluencia de público, por las razones comentadas antes, ha sido muy escasa y en ningún momento ha justificado la contratación de tanto personal. El propio Consejero de Cultura reconoce que, dada la escasa afluencia de gente, con abrir el Centro los fines de semana sería suficiente (diarios La Verdad y La Opinión, 19-3-2013). Consecuencia de todo ello, a la vista de que no se hizo nada para aumentar el número de visitas, durante cuatro años ha habido un mal gasto de dinero que la realidad del Centro difícilmente justificaba.
     La situación ha empeorado en este último año. El servicio de guías, que debería haber sido racionalizado mucho antes, fue suprimido en su totalidad y sustituido por tres turnos de un vigilante jurado que permanecía en el Centro día y noche. ¿No hubiera sido más racional instaurar dos turnos de guías para atender a los visitantes durante el día, y dejar un único turno de vigilancia durante la noche? El gasto habría sido prácticamente el mismo, pero el Centro hubiera estado abierto y los visitantes debidamente atendidos.
     El panorama actual es que el Centro está cerrado al público y sin vigilancia. Por la prensa conocemos que la Consejería de Cultura y el Ayuntamiento de Moratalla están negociando la reapertura, aunque las posturas son muy distantes. Si hay algo que está fuera de toda duda es que el Centro de Arte Rupestre tiene una importancia primordial para el municipio. Para Moratalla, este debe ser realmente un eje básico de dinamización de la economía y de la vida social y cultural. Quizás por ello, tampoco se entiende que desde su inauguración en 2007, el propio Ayuntamiento de Moratalla delegará toda la gestión del Centro a la Consejería de Cultura, sin preocuparse de que funcionara de manera óptima, y sin detectar que el Centro no estaba cubriendo los objetivos para los que fue creado. Esta dejadez por parte de los responsables municipales de aquel momento también es algo necesario de resaltar.
     Estos últimos días hemos podido leer, en boca del propio Consejero de Cultura, que para su departamento, el Centro es un «objetivo número uno», que es un museo «estratégico» y que son conscientes de su importancia, pero que la situación económica obliga a replantear las políticas. A nadie de escapa que la realidad económica es difícil, pero, ¿cuántos museos adscritos al Sistema Regional de Museos han sido cerrados además de éste? ¿Por qué solo éste?
     Hoy podemos leer en prensa que la Consejería de Cultura se ha puesto en contacto con una empresa que, según ha desvelado el propio Consejero, «gestionaría el museo, que abriría los fines de semana dado su baja afluencia [de visitantes]» (diarios La Verdad y La Opinión, 19-3-2013). Durante los seis años de vida del Centro, su gestión ha estado en manos de la Consejería de Cultura, sin participación alguna por parte del Ayuntamiento de Moratalla. Si hay una empresa dispuesta a gestionar el Centro durante los fines de semana, ¿por qué la Consejería no cede directamente la gestión a esa empresa, como ha hecho durante los seis años anteriores? ¿Por qué quiere que sea el Ayuntamiento de Moratalla el que se involucre en esa concesión? ¿Acaso la Consejería es consciente de que esa concesión no es la solución? ¿Podría ser ésta una forma de «quitarse el muerto» para que sea el propio Ayuntamiento el que, a la postre, cargue con la culpa de haber cerrado el Centro ante la inviabilidad del planteamiento?
     El pasado domingo escribía el Consejero en su sección literaria del diario La Verdad (17-3-12, p. 58) que «la política no necesita de grandes profesionales, sino de excelentes amateurs». Y hoy insiste en que «ahora mismo el buen gestor tiene que demostrar que con mucho menos se las ingenia para mantener abiertos todos los establecimientos culturales» (diarios La Verdad y La Opinión, 19-3-2013). Pues este Consejero ya puede apuntarse un cierre. Coincido con él en que los buenos gestores son necesarios en la política, pero debe saber que el buen gestor se ve también cuando en la época de bonanza invierte el dinero con criterio y racionalidad.
     En este sentido, recordaré siempre algunas de las perfomances que formaron parte del macroproyecto cultural que titulado «Estratos» iba a situar hace algunos años a Murcia en el mapa mundial del arte. Pero, de entre todas, hubo dos que me marcaron terriblemente: primero, una señora, que se supone artista, dejó un montón de escombros en un solar de Murcia, y segundo, dos individuos, que en su infancia debieron sufrir algún tipo de trauma, estuvieron durante varios días haciendo un agujero en un jardín público de la ciudad para enterrarse vivos. Y estas, en mi libre opinión, «mamarrachadas» se nos vendieron como muestras sublimes de arte contemporáneo. Estoy seguro de que si yo hago lo mismo, no solo no me pagan el «pastón» que debieron cobrar estos personajes, sino que me acusan de sendos delitos contra el mobiliario y espacio urbano, y me llevan al calabozo. Pero claro, yo ni soy artista ni tampoco soy el gestor del dinero público. ¡Qué le vamos a hacer!

¿Qué ha sido de los Cuadernos de Arte Rupestre?


En el año 2004, bajo el patrocinio editorial del Ayuntamiento de Moratalla, nacían los Cuadernos de Arte Rupestre. Con una periodicidad anual, los objetivos propuestos con la creación de esta revista eran variados. Por una parte, contar con un órgano de expresión del futuro Centro de Arte Rupestre para, sin tener un carácter localista, convertirse en un foro abierto a toda la comunidad científica especializada en el tema. Por otro, la puesta en marcha de esta publicación permitiría contar con un instrumento de intercambio científico y bibliográfico con otras instituciones nacionales y extranjeras dedicadas al estudio del arte rupestre. Consecuencia de ello, el Centro podría contar con una biblioteca especializada, cuya existencia, incomprensiblemente, no se contemplaba en el proyecto inicial del mismo.
La ilusión con la que trabajamos sirvió para superar las limitaciones que imponían los pocos recursos con que contábamos. En el año 2008 salía a la luz, puntualmente, el número 4 de los Cuadernos de Arte Rupestre. Para entonces, con tan sólo cuatro números editados, la revista ya se había hecho un hueco en el panorama de las publicaciones especializadas españolas; había servido para formalizar relaciones institucionales con más de 125 organismos nacionales y extranjeros dedicados a la investigación del Arte Rupestre y de la Prehistoria; e, importante también, la biblioteca era ya una realidad, engrosando sus fondos con una media de 350 volúmenes anuales.
La inauguración del Centro de Arte Rupestre y la asunción de su gestión por parte de la, por entonces, Dirección General de Cultura conllevó a una serie de cambios. La nueva situación hacía que la gestión de la revista que hasta ese momento era editada por el Ayuntamiento de Moratalla, también fuera asumida por la Dirección General. Si bien hay que decir que en todo momento el trato que recibimos quienes hasta ese momento habíamos dirigido la revista fue muy correcto, a nosotros nos pareció que lo más coherente y apropiado era que quien entrara a dirigir el Centro tuviera también las manos libres a la hora de asumir la revista y actuar según sus propios criterios, sin atadura alguna. Por ello renunciamos voluntariamente a la dirección de la misma.
Han pasado más de dos años desde entonces, y cuando ya debería estar editado el número 6 de los Cuadernos no podemos dejar de preguntarnos qué es lo que sucede. ¿Por qué no se ha editado ningún otro número? Somos conocedores como nadie de las dificultades y esfuerzo que implica la gestión de una revista especializada como Cuadernos, pero en los cuatro años en que estuvimos al frente de su dirección supimos cumplir puntualmente con la responsabilidad que asumimos al crearla y, sobre todo, con el compromiso que aceptamos con todas aquellas instituciones con las que formalizamos relaciones de intercambio científico.
Se hace difícil de entender que en más de dos años no haya vuelto a ser publicada, máxime cuando los recursos, materiales y humanos, de una Dirección General son mucho mayores que aquellos con los que contábamos nosotros. No en vano, no debe ser esta la causa principal por cuanto la propia Dirección General de Bellas Artes ha publicado, de forma sorprendente, el trabajo elaborado hace ¡24 años! sobre el conjunto de El Milano de Mula. También sabemos de la desinteresada intención de algún colega porque los Cuadernos vuelvan a ser editados, aunque sea en formato digital, y recobren el protagonismo alcanzado en su corto pero intenso periodo de vida.
Pero, al margen de iniciativas particulares tan loables como ésta, la situación actual sólo puede ser entendida como fruto de un desinterés que abogue por su desaparición, en una decisión tan desafortunada como incomprensible, o por la incompetencia manifiesta de quien, tras nuestra renuncia, asumiera su dirección.

El Centro de Arte Rupestre de Moratalla, una oportunidad... ¿perdida?


En mayo de 2007 se inauguraba oficialmente el Centro de Arte Rupestre Casa de Cristo, en Moratalla. Este acto venía a ser la culminación de un trabajo conjunto por parte de diversas administraciones, si bien, por encima de todo, venía a ser la creación de un centro que estaba llamado a ser el punto neurálgico para la investigación y la difusión del arte rupestre regional, Patrimonio Mundial desde 1998.
Han pasado dos años y, lamentablemente, las expectativas creadas entonces han quedado, en nuestra opinión, altamente defraudadas.
En su faceta como centro de divulgación, la labor realizada ha sido muy escasa, prácticamente nula. El Centro ha carecido de una promoción mínimamente acorde con los fines perseguidos en un principio, como se desprendería de la propia cifra de visitantes que, estimada de forma generosa en unos 15.000 en el tiempo que lleva abierto, sólo puede ser catalogada de paupérrima. Dejando al margen instituciones como el Museo Nacional de Altamira o el Museo de la Valltorta, que por sus características están un escalón por encima del centro moratallero, sí resulta llamativo que otros enclaves similares a éste, como puedan ser los de Colungo, en el Parque del Río Vero (Huesca), el de Ariño, en el Parque del Río Martín, o el Parque de la Prehistoria de Teverga, cuadrupliquen esa cifra. De hecho, este último abrió sus puertas también en mayo de 2007 y, a pesar de estar condicionado por una mayor estacionalidad que el centro de Moratalla, ha superado los 90.000 visitantes desde entonces, 50.000 sólo el primer año (La Nueva España, 12/III/08; 26/III/09).
La celebración de una de las eliminatorias del Campeonato Europeo de Tiro con Arco y Propulsor Prehistóricos, o la realización durante una decena de sábados al año de talleres para familias no son bagaje suficiente para cubrir esta faceta del Centro en favor de la divulgación en amplios sectores de la sociedad. Sin duda, son actividades atractivas, pero la promoción del propio Centro, que en definitiva es la promoción del arte rupestre y, con ello, de la educación a favor de su protección, no puede descansar en acciones tan puntuales como éstas. El Centro debe estar presente de modo más continuado en la sociedad. Posibilidades para ello tiene de sobra, aunque es posible que carezca de una dirección adecuada y competente para ello, ya que aceptamos también, quizás de forma un tanto magnánima, que sí hay un interés político por hacerlo.
Si nos acercamos al ámbito científico del Centro, la situación no ilusiona más. No obstante, hemos de reconocer que la labor no es fácil ya que parte de una herencia muy rica y diversa, realizada desde el Ayuntamiento de Moratalla en años precedentes (de 2004 a 2007), al amparo del proyecto de creación del propio Centro. Así, se acometieron labores de limpieza y conservación en varios yacimientos (Cañaica del Calar II, Fuente del Sabuco I y II); se editó material bibliográfico del arte rupestre del municipio; se convocaron dos ediciones del Concurso Nacional de Artes Plásticas Rupestria; se organizó una exposición itinerante sobre el arte rupestre regional; se efectuaron trabajos de prospección arqueológica que permitieron el descubrimiento de cinco nuevos yacimientos con arte rupestre; en colaboración con la Universidad de Murcia, se celebraron cuatro ediciones de un curso de verano dedicado al arte rupestre; y se acometió un ambicioso proyecto editorial como era la edición de una revista especializada en arte rupestre, Cuadernos de Arte Rupestre, que con tan sólo cuatro números, ya se ha convertido en un referente sobre el tema a nivel nacional e internacional. Al mismo tiempo, la edición de la revista ha permitido formalizar intercambio científico con más de 100 instituciones mundiales dedicadas al estudio de la Prehistoria y del Arte Rupestre, y la creación de una biblioteca especializada sobre el tema, biblioteca de la que carecía el proyecto original del Centro.
Reconocemos que superar esta labor no es tarea sencilla. Mientras el Centro se consolidaba se hizo un importante esfuerzo para que éste arrancara con unos cimientos sólidos que, lejos de consolidarse, hoy parecen destruidos o abandonados. En el tiempo que lleva abierto se podrían haber tomado algunas iniciativas, además de haber fortalecido las ya existentes. Es cierto que en fechas recientes se convocó, en colaboración con la Universidad de Murcia, un Congreso Nacional de Arte Rupestre Levantino que, afectado posiblemente por factores muy diversos, no respondió a los ambiciosos objetivos perseguidos. Muestra de ello es el pobre número de comunicaciones presentadas, apenas 14, tres de las cuales eran de un mismo autor. Quizás no era el momento adecuado ya que hacía apenas unos pocos años (en 2004) que se habían celebrado sendos congresos de arte rupestre en Los Vélez y en Alicante, y que para un mes después había convocado otro congreso bastante más elaborado en Valencia, o tal vez no se supo promocionar adecuadamente. Sea como fuere, los resultados no fueron los que se presuponen para un congreso “nacional”. Es más, los propios cursos de verano organizados entre 2004 y 2007 en Moratalla llegaron a reunir a un mayor número de especialistas sobre la materia.
Hace unos días se anunciaba también la edición del número 5 de Cuadernos de Arte Rupestre y Prehistoria, que recogerá las actas del citado congreso, así como del que está llamado a ser el catálogo del Arte Rupestre de la Región de Murcia (EuropaPress, 27/III/09). Bienvenidos sean ambos. De este último, aunque llegue cuatro años más tarde de lo previsto, solo cabe esperar que haya mejorado notablemente la calidad de un borrador que tuvimos ocasión de leer en su día.
Sin embargo, con ser ello importante, no es lo máximo. El Centro, si de verdad quiere ser una apuesta decidida por la investigación, como han declarado en repetidas ocasiones los responsables políticos (p. ej. La Verdad, 8/IX/08; Europa Press, 27/III/09) debe tener un proyecto de trabajo claro, dotado de los recursos materiales y humanos que permitan su desarrollo. Todo lo que no sea esto es menguar las capacidades del propio Centro
Es necesario que el Centro esté representado convenientemente en organismos e instituciones nacionales e internacionales, a la vez que resulta sangrante que la Comunidad Autónoma de Murcia sea la única de todo el Arco Mediterráneo que no pertenezca al proyecto europeo de la Red Europea de Primeros Pobladores y Arte Rupestre Prehistórico, aún a pesar de que varios han sido los momentos en los que podría haber formalizado su incorporación al mismo, momentos que sí han sido aprovechados por otras comunidades como Extremadura (regiondigital.com, 2/III/07).
Somos de los convencidos de que declaraciones formales como la de Patrimonio Mundial concedida en 1998 no se traduce en grandes cambios, salvo en las inevitables y buscadas fotos promocionales o en la puesta en marcha de una labor administrativa tendente a mantener actualizado el inventario de yacimientos. Todo lo demás, investigación, divulgación y conservación, implica arrojo por parte de los responsables políticos para desarrollarlos, y también capacidad y voluntad de trabajo por parte de los técnicos.
La impresión que transmite la situación actual del Centro es que, a pesar de estar integrado en el Sistema Regional de Museos, y de haber asumido la ostentosa denominación de Centro de Estudios de Prehistoria y Arte Rupestre, no hay un marcado interés para que el mismo desarrolle todas sus potencialidades. En caso contrario deberíamos admitir que la actual dirección del mismo, si es que la hay, se caracteriza por una palpable y notoria incompetencia. Valga como muestra el dato, en modo alguno anecdótico, de que en diciembre, en vísperas del periodo de las fiestas navideñas, se averió el sistema de calefacción y en lugar de arreglarlo se cerró el Centro durante ese tiempo en que potencialmente hubiera podido recibir un mayor número de visitas. Si esta decisión no tiene justificación posible, aún más lamentable es que el 21 de marzo el sistema de calefacción todavía continuara averiado. O que todavía persistan las goteras que ya estaban presentes el mismo día de su inauguración en mayo de 2007. Eso revela, cuanto menos, dejadez y desinterés. También podríamos comentar la necesidad de racionalizar los recursos humanos con que actualmente cuenta el Centro, a todas luces desproporcionados con relación a las necesidades reales y a la oferta actual del mismo. Cosa distinta sería si desde el propio Centro se ofertase y dirigiese la visita in situ a los yacimientos, cosa que inexplicablemente ahora no se hace, que se desarrollase una gestión adecuada de la biblioteca o que se organizasen actividades divulgativas en espacios ajenos al propio Centro con vistas a la promoción del arte rupestre, sobre todo en el ámbito escolar.
Siempre hemos mostrado cierto recelo a que el Centro estuviera integrado en el Sistema Regional de Museos, dependiente directamente, por tanto, de la Dirección General de Bellas Artes, ya que ello podría llegar a ser contraproducente para el mismo, lo que no deja de ser algo paradójico. Por el contrario, una gestión más cercana desde Moratalla hubiera reportado, quizás, unos resultados más positivos hacia los fines marcados para el mismo. Seguramente, la capacidad económica del Ayto. de Moratalla se ve sobrepasada por las necesidades del Centro, pero no es menos cierto que hay formulas con las que se hubiera podido solventar este problema.
En cualquier caso, aún no es tarde. Sólo cabe esperar que dentro de un tiempo podamos decir que la creación del Centro de Arte Rupestre no ha sido una oportunidad perdida, aunque para ello se nos antojan como cimientos fundamentales que el mismo cuente con una dirección cualificada, que participe directamente de sus necesidades; que tenga un modelo de gestión claro, en el que el personal esté organizado de acuerdo con las necesidades reales y en el que cada uno sepa cuales son sus funciones; que haya un discurso museográfico que supere los muros del propio Centro y en el que las visitas a los yacimientos se conviertan en uno de los ejes de actuación prioritarios, dada su repercusión en la difusión y, con ello, en la conservación del propio arte rupestre; que se cuente con un programa racional de actividades, en el que la línea prioritaria sea la difusión en amplios sectores de la población; y, dentro del ámbito estrictamente científico, que exista un programa de investigación, con la integración del Centro en los organismos nacionales e internacionales con los que comparte ámbito de estudio, en el que se consoliden e incentiven las publicaciones, en donde se potencie la biblioteca como uno de los pilares de la propia investigación, y en el que se favorezca el intercambio de experiencias con investigadores nacionales y extranjeros como base de eventuales labores de cooperación.
En esta línea debería ir el futuro del Centro si no quiere quedar como un ente vacío, sin razón de ser.

A propósito de un polémico folleto



Hace unas semanas se suscitaba una encendida polémica en torno a un folleto sobre el arte rupestre regional editado en 2007, por haber incluido en él alguna imagen que no pertenecía a yacimientos de Murcia. Disputa utilizada como arma arrojadiza con fines exclusivamente políticos contra el consejero titular de Cultura, y auspiciada por un mediático profesor de la Universidad de Murcia cuya productividad investigadora merecería ser objeto de comentario.
El asunto, tras dos años de su comisión, no debería haber despertado mayor interés de no ser porque el mismo ha servido para mostrar el oportunismo de unos y una mala gestión del asunto por parte de otros. Puede que entre de lleno en el juego de la política atacar al adversario con todas aquellas armas que estén al alcance, y en este contexto pudiéramos entender las preguntas y ataques formulados por los opositores al actual partido gobernante. Más difícil es comprender la actitud de determinados pseudo-investigadores, más preocupados por engordar su currículum con discusiones como ésta que con una labor investigadora merecedora de tal calificativo.
Sin embargo, soslayando el debate político, sí es cierto que se hace difícil asimilar las explicaciones ofrecidas por parte de los responsables últimos de esta metedura de pata, porque sólo como tal puede ser calificado el hecho de incluir imágenes de Castellón en un folleto que tiene por objeto promocionar el arte rupestre de la Región de Murcia. Una vez constatado y asumido el error, hubiera sido fácil atajar la polémica asumiéndolo, entonando un mea culpa y haciendo propósito de enmienda. Pero no ha sido así. En vez de ello, hemos tenido que escuchar unas explicaciones absurdas e inaceptables. Si para el consejero de Cultura se trata de un recurso empleado por la empresa encargada de la campaña publicitaria, el director general de Bellas Artes se limita, simplemente, a calificar tal polémica como provinciana al amparo de que el arte rupestre es un Patrimonio Mundial.
Pues no, por ahí no. Que una empresa a la que se le encarga la promoción del arte rupestre de Murcia incluya imágenes de otras regiones, no es un recurso, es llanamente un fallo, probablemente fruto de la ignorancia. ¿Alguien ha conocido, por ejemplo, una marca de coches que quiera aumentar sus ventas promocionando los modelos de la competencia. Absurdo, ¿no?
Y tampoco podemos admitir sin más que nos tachen de provincianos. Si el folleto tuviera como finalidad promocionar el arte rupestre del Arco Mediterráneo en general podríamos discutir su idoneidad, pero poco su contenido. Pero no era éste el caso. Era un folleto editado por Murcia, pagado por los murcianos para promocionar el arte rupestre de Murcia, y en ese contexto, ninguna cabida tenía la información de otras regiones.
Insisto en que la polémica estaba fuera de lugar, porque la edición era ya antigua y porque puede ser achacada a un comprensible error humano. Hace poco conocimos como una empresa encargada de promocionar Sevilla utilizó el mismo “recurso” técnico al colocar la catedral de Palma a orillas del Guadalquivir. Aceptamos el fallo humano, aunque también es cierto que Cultura tiene, o debería tener, personal técnico competente para controlar el material que edita, pero lo que se hace más difícil admitir son unas explicaciones ridículas. Los errores se asumen, si es posible se subsanan, pero nunca se disfrazan de un snobismo vacío, extravagante y fuera de lugar.